¿Mutaciones? ¿Infertilidad? El verdadero impacto de las eólicas no es el que te cuentan

¿Conejos mutantes? ¿Problema para la salud humana? Los estudios científicos no encuentran consecuencias graves de los aerogeneradores si la distancia es la adecuada.

 

Foto: Aerogenerador. (Reuters/Carlos Jasso File Photo)

 

Si el futuro de la energía son las renovables, parece inevitable que nuestros paisajes sigan llenándose de aerogeneradores. De hecho, en los últimos años la eólica ha superado el 20% del total de la producción eléctrica en España, una fuente de energía limpia a la que, en principio, deberíamos poner pocas objeciones. Sin embargo, existe una creciente oposición en el mundo rural a este tipo de proyectos. Rodrigo Sorogoyen expresó ese sentimiento en la gala de los Premios Goya de este año: «Energía eólica sí, pero no así», afirmó tras recoger el premio a la mejor dirección por su película As bestas, que tiene este conflicto como trasfondo. Pero ¿cuál es exactamente el peligro de los molinos?

 

Existe un impacto evidente sobre el terreno que ocupan estas instalaciones y sobre el paisaje. Muchos vecinos se quejan de esa invasión del campo, en detrimento de actividades agrícolas, ganaderas o turísticas; y sin que haya un retorno satisfactorio, ni económico ni de empleo. Sacrificar el territorio para producir la energía de las ciudades, como ya ocurrió hace décadas con los grandes embalses, es objeto de controversia, pero ¿y si además provocan un daño directo? Ese temor también se extiende a medida que proliferan estas instalaciones.

De hecho, la denuncia de Sorogoyen se refería específicamente al caso de los caballos de Sabucedo (Pontevedra), que aparecen al inicio de su película y son protagonistas de la Rapa das Bestas, fiesta que consiste en cortar las crines de estos ejemplares salvajes, de los pocos que quedan en Europa en libertad. Los ecologistas denuncian que la proliferación de parques eólicos afecta a la conservación de su hábitat y que el ruido de las palas los desorienta. En la misma línea, uno de los casos más llamativos es el de una granja de conejos de Valverde de Campos (Valladolid) muy próxima a aerogeneradores: el dueño ha denunciado recientemente que el ruido está provocando infertilidad, mortalidad y hasta canibalismo entre sus animales. ¿Están demostrados estos efectos tan devastadores?

¿Riesgos para la salud humana?

Empecemos por lo más importante: saber si los parques eólicos afectan a la salud humana. Cuando hace años comenzaron a extenderse estas instalaciones, Nina Pierpont, pediatra de la Universidad John Hopkins (Maryland, EEUU) empezó a hablar con personas que vivían junto a los aerogeneradores y acabó por publicar el libro Síndrome de la turbina de viento, en 2009. Basándose en los testimonios, llegó a la conclusión de que los infrasonidos (sonidos imperceptibles al oído humano) provocados por las palas afectaban a la calidad del sueño y a la memoria o causaban mareos, entre otros síntomas. La teoría ganó adeptos por todo el mundo y el supuesto síndrome comenzó a vincularse a todo tipo de enfermedades, incluyendo el cáncer.

Sin embargo, fue rechazada por gran parte de la comunidad científica. Para empezar, el libro, basado en entrevistas telefónicas, carecía de cualquier rigor científico. Además, hay estudios que muestran que los infrasonidos que generan los molinos son similares a los que recibimos normalmente del ambiente. Informes gubernamentales realizados por paneles de expertos independientes en EEUU llegaron a la conclusión de que no había evidencias científicas sobre los supuestos efectos para las personas.

placeholderManifestación contra una instalación eólica en Galicia. (EFE)
Manifestación contra una instalación eólica en Galicia. (EFE)

No obstante, en muchos países llegaron a presentarse decenas de demandas contra las instalaciones eólicas por perjuicios contra la salud que fueron rechazadas por falta de evidencias. Simon Chapman, experto en salud pública de la Universidad de Sídney (Australia), recopiló información de casos repartidos por todo el mundo y llegó a la conclusión de que no existía un patrón que vinculase la proximidad a estas instalaciones y las denuncias que se presentaban. El resumen de sus investigaciones, también en forma de libro (pero en este caso bien documentado) fue demoledor: «la gente enferma de preocupación».

La teoría de algunos expertos es que al conocer la existencia de los infrasonidos se produce una autosugestión o efecto nocebo (es decir, lo contrario que el efecto placebo), por el que algunas personas creen estar sufriendo un daño que no tiene explicación en una fuente externa real. De hecho, un experimento demostró hace años que, al ser informadas sobre ello, algunas personas creían sufrir los efectos negativos de este tipo de ruido inaudible cuando en realidad no estaban expuestas a él.

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Parque eólico cercano a una población. (EFE)

El complejo caso del estrés animal

Si no hay pruebas acerca de posibles efectos de los aerogeneradores en la salud humana, ¿cabe descartarlos también en los animales? En este caso, el problema es mucho más complejo. La denuncia de la granja de conejos de Valladolid es un caso excepcional por la cercanía a un parque eólico de Naturgy. El molino más próximo está a tan solo 179 metros y las mediciones de decibelios alcanzan los 63,4 decibelios (un ruido similar al de una aspiradora). Ya no se trata de infrasonidos, sino de un ruido fuerte que causa estrés. Un informe de la Universidad Politécnica de Valencia sobre este caso afirma que estos animales cambian su comportamiento a partir de los 20 decibelios.

¿Tanto como para convertirlos en caníbales? Aunque este comportamiento pueda parecer muy extraño, los biólogos admiten que puede observarse en determinadas circunstancias y en muchas especies animales. Una revisión de las investigaciones que se han realizado sobre este tema en los últimos 40 años, publicada en Biological Reviews, indica que los padres se pueden comer a sus crías para adaptarse mejor a las circunstancias, algo que se ha comprobado a menudo en condiciones de cautividad. En este caso, el ruido o el estrés derivado podría estar provocando que estos animales interpretasen que hay una situación de peligro en la que tener descendencia puede ser un obstáculo para la supervivencia del grupo.

En cualquier caso, todo parece indicar que, si la mortalidad de los conejos está realmente relacionada con el parque eólico, se trata de un caso excepcional en el que la clave es la proximidad. «Si se aumentara la distancia entre los aerogeneradores y la granja a 500 metros o más, tal y como exige la legislación actual, seguramente se solucionaría el problema, bajando así los decibelios percibidos y eliminando el estrés ambiental producido a estos animales«, afirma en declaraciones a El Confidencial Juan José Coble Castro, profesor de la Universidad Nebrija y experto en impacto ambiental de las energías.

Los 500 metros marcados por la legislación vigente parten de un cálculo genérico. «Normalmente tiende a ser, a efectos de reducción de ruido efectiva y de mitigación del impacto visual, una distancia en horizontal equivalente a multiplicar por cinco la altura de la torre del aerogenerador y muchas rondan los 100 metros de altura», explica el experto. Sin embargo, esa norma es reciente, así que en muchos casos se levantaron los parques eólicos a menor distancia. Según un informe de la asociación Monfero di Non, contraria a las macroinstalaciones eólicas, solo en Galicia habría 13.122 viviendas a menos de ese medio kilómetro de un molino.

Los impactos más claros

En cualquier caso, aunque identificar los efectos de las instalaciones eólicas en su entorno no es una tarea sencilla, hay algunos impactos claros. «La envergadura de los espacios utilizados para implantar los aerogeneradores y las torres que los sustentan obliga a utilizar grandes extensiones de terreno que hay que preparar, despojar de vegetación y nivelar», comenta el experto de la Universidad Nebrija, «esto puede dañar y eliminar las especies vegetales autóctonas». Llevar la energía generada hasta la red eléctrica implica labores similares, incluyendo la tala de arbolado.

placeholderTormenta junto a un molino. (EFE)
Tormenta junto a un molino. (EFE)

También resulta obvio que las aves son las más afectadas. Un artículo publicado en la revista Environmental Management en 2015 revisó más de 220 estudios, advirtiendo de que algunas instalaciones pueden entorpecer las rutas migratorias, provocando el choque de los pájaros contra las palas. Lo mismo ocurre con murciélagos e insectos. «Las hélices modifican la presión del aire y propician que colisionen, por lo que el estudio de la zona es vital a la hora de poner en marcha estas instalaciones», indica Coble Castro. En este sentido, cualquier zona de especial protección para las aves (ZEPA) y sus alrededores es un territorio vedado para los molinos.

Otras consecuencias señaladas por algunos estudios son menos evidentes. «Debido a la altura de las torres y las condiciones climáticas, los parques eólicos pueden ser vulnerables al impacto de rayos, lo que aumenta el riesgo de incendios», comenta el experto. Además, con respecto a la tecnología humana, «las radiaciones electromagnéticas que generan las turbinas eólicas pueden interferir con las transmisiones de radio y televisión en estaciones próximas, pueden afectar la navegación cercana, la comunicación por microondas y los sistemas de radio FM».

¿Qué pasará con la eólica marina?

Si la energía eólica, presente desde hace décadas en España, sigue generando dudas y polémica, la inminente llegada a nuestras costas de la eólica marina flotante no iba a ser menos. El Plan de Ordenación del Espacio Marítimo (POEM) permitirá instalar de aquí a 2030 hasta 3 gigavatios (GW), lo que se traduce, según los expertos, en 200 molinos de grandes dimensiones (en este caso, cada uno podría alcanzar 200 metros de diámetro y 300 metros de alto). La polémica ha llegado ya antes de su implantación, porque los pescadores denuncian el posible impacto en sus capturas, teniendo como referencia el caso de Viana do Castelo (Portugal), donde el sector pesquero asegura que los peces han desaparecido a causa de una instalación de este tipo.

Aparte del ruido en sí mismo, las vibraciones de las turbinas podrían tener consecuencias incluso más importantes en el mar que en tierra. No obstante, la eólica offshore, como también se denomina, está mucho menos implantada y, por lo tanto, hay mucha menos investigación acerca de sus efectos. En cualquier caso, habría que estudiar caso por caso, puesto que algunos expertos vaticinan incluso un efecto beneficioso para algunas especies marinas. Por ejemplo, para algunos peces estas plataformas podrían llegar a convertirse en un refugio frente a depredadores, pescadores y corrientes de agua, un santuario donde alimentarse o reproducirse.

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