El calvario de la bebé Valentina: los médicos no detectaron tras 8 visitas la neumonía que pudo causar su muerte

  • Un informe incorporado a la causa un año después confirma que la bebé de cuatro meses sufría una infección en los pulmones por citomegalovirus

  • Según el dictamen, la infección es “potencialmente mortal” pero “si el diagnóstico se realiza de manera oportuna, puede potencialmente curarse” con la terapia antiviral adecuada

  • El segundo día, una placa de pecho ya indicó que la niña tenía una mancha en un pulmón. Aun así no fue ingresada ni diagnosticada por neumonía

La pequeña Valentina se aferró a la vida con todas sus fuerzas en la UCI del Hospital Universitario Regional de Málaga. Su abuela fue la última en tomar su mano antes de que los médicos se la llevaran para intentar salvarle la vida. La niña tuvo tres paradas cardio-respiratorias antes de fallecer, la madrugada del 23 al 24 de septiembre de 2021, después de cinco días de proceso y ocho visitas a Urgencias donde los médicos de dos hospitales enviaron a sus padres a casa de forma reiterada. Ahora, un informe del Instituto Nacional de Toxicología y Ciencias Forenses confirma que la pequeña tenía una neumonía que le afectaba a los dos pulmones. Una infección por citomegalovirus que no fue diagnosticada por ninguno de los médicos y que es “potencialmente mortal” si no recibe el tratamiento adecuado.

 

Habían pasado solo cuatro meses desde que la primera jornada de mayo Valentina llegó al mundo, con un peso de casi tres kilos. La pequeña creció sin complicaciones, sana y risueña, hasta que sus padres, Carmen y Juan Carlos, acudieron por primera vez a Urgencias. Era viernes, 17 de septiembre cuando Valentina comenzó a tener fiebre y al día siguiente, sábado, la familia se presentó en la sala de Urgencias del Hospital Quirón Salud de Málaga porque la temperatura de la niña no bajaba. Arrancó entonces un periplo de tratamientos, pruebas, ocho visitas a distintos doctores y medicación que terminó con el fallecimiento de la pequeña solo cinco días después. En esa primera revisión, los especialistas diagnosticaron que la niña tenía una infección respiratoria y prescriben “Apiretal cada ocho horas”.

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Al día siguiente (19 de septiembre)  y ante la persistencia de la fiebre, los padres acudieron de nuevo al hospital, acompañados por los abuelos maternos. Era domingo, y el pediatra le hizo a Valentina una prueba de orina, otra de sangre y una placa de pecho que arrojó como resultado “una mancha en el pulmón derecho (al parecer mocos)”, reflejan los informes policiales sobre el caso. Además, la niña tenía un aumento en sangre de una proteína llamada C reactiva (nada que ver con las pruebas médicas sobre el coronavirus). “Esta proteína suele aumentar en caso de infecciones”, explican los investigadores.

Según fuentes pediátricas consultadas por NIUS, la práctica habitual lleva a los médicos a pedir el ingreso de una menor con una mancha en el pulmón y fiebre sin remisión para controlar su evolución. Pero en este caso no se hizo. Se cambió de nuevo la medicación y los facultativos enviaron de nuevo a la familia a casa. “Si empeora o nueva sintomatología, acudirá de nuevo a urgencias”, rezaba la instrucción médica. El diagnóstico en esta ocasión fue de nuevo “infección respiratoria”.  “En la radiografía se objetiva una alteración, un aumento de densidad, no se especifica si la sospecha puede ser una neumonía en dicho campo y que sea la responsable de la clínica respiratoria de la menor (fiebre, tos y mocos)”, indican uno de los informes de la Policía Nacional, firmado en diciembre del pasado año y que resaltan la falta de concreción sobre el resultado de esa placa.

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Una fiebre constante

Carmen y Juan Carlos volvieron a llevar a su hija a Urgencias la madrugada del lunes 20 al martes 21 de septiembre. Ese día, Valentina tenía una temperatura de 39,8º, vómitos y cada vez estaba más decaída. Tras 40 minutos de espera, el pediatra que les atendió auscultó los oídos y la garganta de la bebé para mandar de nuevo a la familia a casa. “No se le realiza ninguna prueba complementaria ni consta exploración física de la niña. Sin embargo ya se cambia el diagnóstico de infección de las vías respiratorias altas, dado en el mismo centro hospitalario el 18 de septiembre, a infección respiratoria en vías bajas. Por otra parte no se especifica a qué pueden ser debidos los vómitos de la menor”, destaca el análisis de la Policía Judicial sobre los partes médicos de la pequeña.

No contenta con la asistencia, la familia de Valentina llevó a la niña esa misma madrugada, pasadas las cuatro de la mañana, al Hospital Materno Infantil de Málaga. Tampoco hubo nuevas pruebas sobre la niña. Y eso a pesar de que la pequeña presentaba ya muchos síntomas que los médicos pedían vigilar en partes anteriores, como la dificultad respiratoria o los vómitos repetidos. “No se realizó ninguna exploración complementaria nueva para descartar posibles complicaciones o cambio de diagnóstico”, informan los agentes, máxime cuando los médicos del hospital público no tenían acceso a las pruebas realizadas antes en la clínica privada. “Ni se planteó otra alternativa terapéutica a las ya pautadas previamente”, concluyen los agentes.

Pasaron solo seis horas desde esa visita hasta que los padres acudieron a primera hora de la mañana del 21 de septiembre al Centro de Salud de Puerto de la Torre. Allí, la pediatra sospechó sobre la situación médica de Valentina y ante la falta de medios, hizo un volante a los padres para que fueran de nuevo al hospital y allí realizasen nuevas pruebas de urgencia a la niña. “Ruego valoración porque tengo dudas sobre si es preciso solicitar PCR, hacer una nueva analítica de orina hoy y valorar hacer Rx de Tórax porque no he podido ver la anterior (posible condensación en campo medio derecho)”, alerta la pediatra en su dictamen.

Sin embargo, su petición no se cumplió ya que ese mismo martes, ya por la tarde, el servicio de Urgencias del Hospital Materno-Infantil de Málaga recibe a los padres pero no realiza prueba alguna. “Tras auscultarla indican que no tiene mocos en el pulmón, si bien sí presentaba mocos nasales, mantiene tratamiento prescrito. Les indican que acudan si [Valentina] presenta las costillas marcadas, labios azulados, falta de aire o respiración agitada”. La doctora les indicó entonces a los padres que volvieran para una revisión en 48 horas.

Su última pelea

Al día siguiente, la familia llevó a Valentina de nuevo al centro de salud de Puerto de la Torre. Allí, fue la primera vez en la que la doctora refleja que la niña tiene fiebre desde hace 4-5 días y escribe “¿Sospecha de neumonía?” “Tos. vómitos, fiebre y diarrea”. “Aunque parece que la menor no mejora con el antibiótico prescrito, no se plantea en ese momento que el germen responsable de la misma pueda ser resistente a la amoxicilina, o que la neumonía haya ido a más, o que la presencia de vómitos, diarreas y el rechazo al alimento no sea secundario al antibiótico, sino que sea consecuencia de una infección diferente”, refleja el informe elaborado por Policía Nacional. “Al día siguiente, este facultativo llamó telefónicamente a los progenitores para comprobar la evolución de la niña, pero en ese momento ya se encontraba ingresada”.

El jueves 23 de septiembre, la pequeña entró a las 10.46 en brazos de su abuela en la Unidad de Cuidados Intensivos del Hospital Regional de Málaga. La niña tenía el bazo inflamado, una infección en la sangre, había amanecido con la mirada totalmente perdida y falleció a las 23:50, tras siete horas de lucha y tres paradas cardio-respiratorias. Para los médicos, la causa de su fallecimiento fue “sepsis fulminante por psedomonas”, un patógeno común en infecciones intrahospitalarias. La autopsia dejó el motivo de la muerte como «indeterminada», pero descartó que fuera violenta.

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El camino judicial

Cinco días después, el 27 de septiembre, la familia de Valentina presentó una denuncia y puso el caso en manos de la Justicia, que abrió las diligencias previas 2377/21, en manos del Juzgado de Instrucción número 13 de Málaga. Allí la Policía Nacional elaboró un extenso informe que fue entregado al juez el pasado 16 de diciembre, donde los agentes reflejan todas estas irregularidades pero donde hacen una advertencia importante. “Esta instrucción no está capacitada para determinar si hubo o no mala praxis”, así que “tendrán que ser los peritos y forenses los que valoren si el diagnóstico y tratamiento correcto se podía haber instaurado antes y si hubiera influido o no en el desenlace final. Es decir: no basta en este caso solo con probar si hubo mala praxis médica. Además es necesario acreditar que sin ella, Valentina seguiría con vida.

Por eso, desde el inicio de la causa, el juez encargado del caso espera un informe completo del Instituto Nacional de Toxicología que aclare la causa del fallecimiento de Valentina y sobre todo, si un diagnóstico correcto a tiempo le hubiera salvado la vida. Mientras tanto, cinco médicos han sido informados de que figuran como denunciados en el procedimiento, pero un año después y ante la falta de respuesta de los peritos, el instructor todavía no ha tomado decisión alguna sobre su posible imputación ni les ha tomado declaración. Tampoco aparece todavía en la investigación del caso la versión de los centros hospitalarios. En el momento del fallecimiento, la delegada del Gobierno de Málaga informó de que el Hospital Materno-Infantil había abierto una investigación interna. Los resultados tampoco han sido incorporados a la causa.

Por eso y a la espera del informe definitivo, es determinante también el avance incorporado a la causa por el organismo de medicina legal, que tras analizar distintas muestras confirma que la pequeña tenía una infección por citomegalovirus en ambos pulmones. “A pesar de ser una afección potencialmente mortal, si el diagnóstico se realiza de manera oportuna, la neumonía por CMV puede curarse potencialmente con la terapia antiviral adecuada (ganciclovir).

Esto no tendría porque pasar.

 

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